En la actualidad todavía hay madres, padres y cuidadores que normalizan el uso del castigo físico y otros métodos autoritarios para educar a sus hijos e hijas, y desconocen métodos respetuosos de la dignidad de la niña y del niño. Toda persona al cuidado de una niña, niño o adolescente tiene la responsabilidad de cuidarlo, protegerlo y formarlo mediante una crianza afectiva y respetuosa de todos sus derechos, donde no tienen lugar el maltrato, castigos físicos, humillantes y crueles, amenazas, gritos, regaños y críticas atemorizantes.
Los adultos que tienen a su cargo la crianza de un niño tiene el enorme reto de dejar atrás los métodos violentos y autoritarios que generan un impacto negativo en el desarrollo infantil, para practicar una crianza y educación basada en la paz, dignidad, tolerancia, libertad, igualdad y solidaridad.
La crianza respetuosa es una forma de educar a los hijos algo diferente a los estándares conocidos desde la tradición. Es un modo de vivir y relacionarse con los niños y adolescentes a través del respeto. Porque si queremos personas respetuosas, humildes, libres, felices y honradas, deberemos criarlos en el respeto, la humildad, la libertad, la creatividad y un modelo de honradez que les lleve a serlo”.
La crianza respetuosa propone límites razonables, no punitivos, normas con sentido, viables según el momento madurativo de las criaturas, transmitidos a partir de relaciones empáticas, democráticas. Para muchos esto suena difícil o imposible porque carecemos de referentes en nuestras propias infancias desplegadas sobre modelos directivos Y de represión, basados en la obediencia y el adiestramiento. Pero sí que es posible.
La crianza respetuosa se basa en entender al niño y sus necesidades, responder a ellas, comprender sus emociones, de acuerdo a su desarrollo. Educarlos y vivir desde el respeto, el amor, la igualdad. A menudo se ignoran las necesidades de los niños y se pasan por encima. La crianza respetuosa se centra en empatizar con el niño y darle voz. Aquella que él no puede expresar porque no sabe o puede.
La crianza respetuosa es un estilo educativo que busca ofrecer al bebé y a los niños lo que se considera que necesita: no solo alimento, higiene, la seguridad y confort de un hogar, sino también abrazos, cariño, amor y atención.
Estos son los cuatro pasos imprescindibles para dar respuestas a las necesidades de nuestros hijos.
Disponibilidad: Cuando hablamos de disponibilidad nos referimos a estar físicamente con nuestros hijos. Cada vez que estamos trabajando no estamos disponibles para nuestros hijos y algún otro adulto se estará haciendo cargo de ellos.
Accesibilidad: Sabemos que estar disponibles para nuestros hijos no es suficiente, ya que podemos estar sentados enfrente de ellos, pero mirando el móvil, leyendo el periódico o estar pensando en la bronca que acabamos de tener con nuestra pareja. Por lo tanto, a la disponibilidad física le debe seguir la posibilidad de estar accesibles para nuestros hijos.
Sintonización: Una vez que estamos disponibles y accesibles, ya estamos en condiciones óptimas para poder conectar y empatizar con las necesidades que tienen nuestros hijos. En esta tercera fase podemos sintonizar y comprender que nuestro hijo está llorando porque está triste, que está muy enfadado porque su hermana no quiere compartir con él su juguete o que está muy cansado y necesita dormir. Somos los adultos los responsables de conectar con sus necesidades y cubrírselas.
Responsividad: Decimos que un padre es responsivo cuando, una vez que ha sintonizado y empatizado con la necesidad de su hijo, da una respuesta contingente a su necesidad. Cuando los padres entendemos lo que verdaderamente necesitan nuestros hijos y se lo cubrimos, estamos siendo responsivos o dando una respuesta contingente. Si mi hijo tiene miedo y le doy un vaso de agua no estaré siendo responsivo. Solo seremos responsivos cuando podamos atender su necesidad real y le aportemos algún elemento que le devuelva al equilibrio.
Pasar de la teoría a la práctica no es fácil. A veces podemos levantar la voz, amenazar a nuestro hijo, pero inmediatamente nos embarga una sensación de culpa enorme que eso conlleva. ¿Y porqué me pasa? te puedes preguntar.
Lo cierto es que educar a un hijo es una de los retos más difíciles que existe. No hay fórmulas mágicas. Si queremos educar con conciencia nos vamos a topar con nuestras luces y con nuestras sombras. A pesar de que nuestros padres lo hicieron de la mejor manera que pudieron, nosotros fuimos criados en otro modelo distinto y seguimos arrastrando heridas emocionales que nos han alejado de nuestra esencia.
Para aplicar la crianza respetuosa es necesario respetar también nuestras necesidades básicas. Para integrar e incorporar la crianza respetuosa como forma de vida es necesario redescubrir nuestra historia, entender lo que fuimos y lo que somos, conseguir el respeto que nos merecemos a nosotros mismos.
Por tanto, la «buena madre» es aquella que consigue conocerse y respetarse a sí misma, dando el tiempo necesario, sin exigencia con paciencia y mucho amor, se va haciendo cada vez más innecesaria para sus hijos, porque saben elegir su camino de forma autónoma y responsable.
Enseñar a volar a nuestros hijos y la crianza consciente significa permitir que nuestros hijos puedan elegir libremente , que sean capaces de caminar su propio camino, que se conviertan en personas capaces de superar sus propios miedos y sus propias frustraciones. En definitiva se trata de educar para la autonomía, la independencia y la confianza.
Finalmente, la crianza respetuosa es para todos: adultos, jóvenes y niños; médicos, profesionales de la salud, gobiernos y familias, en general para toda la sociedad. Y también por quienes no tienen hijos, pero son tíos, maestros, cuidadores, niñeras, personas a cargo de niños; personas que se relacionan con otras que sí tienen hijos. De esta forma, podemos empezar a ver a los niños desde otra óptica, respetarlos y darles su lugar en la sociedad.
No tiene ningún sentido esperar seres amables, cuerdos, asertivos y equilibrados a través de una educación represiva y autoritaria, basada en la humillación, el abandono y el maltrato físico, psíquico de la amenaza del castigo.
«Cuando veas a tus hijos dormir recuerda que significas el mundo entero para ellos y que eres la persona a quien aman infinitamente. Mañana será un nuevo día».
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