No te preocupes mamá, porque lo estás haciendo bien. Porque todos tus desvelos nocturnos para atender llantos tienen sentido, porque sabes que alimentar con caricias es educar en fortalezas y porque nadie más que tú sabe lo que necesita tu hijo en cada momento.
Los expertos en crianza suelen indicarnos que sería muy necesario que se desarrollara algún tipo de medicina integral donde además de atender la salud de la madre y el hijo, se cuidara a su vez de las emociones, de “ese todo” que somos las personas donde cualquier pieza en desequilibrio, puede afectar al resto.
Algo que toda madre sabe es que no hace falta haber dado a luz a un hijo para saber lo que es el amor, sin embargo, la maternidad, por sí misma, no nos exime de tener ciertos miedos. Tememos que nuestros hijos dejen de respirar mientras duermen, nos preguntamos cada día si lo estaremos haciendo bien, y si tal y como nos dice nuestra propia madre o amigos, estamos “malcriando” demasiado a nuestros niños.
Nadie viene a este mundo sabiéndolo todo sobre crianza, sin embargo, hay algo que debes tener claro: lo estás haciendo bien, y si en algún momento tienes dudas, quien mejor te puede aconsejar es tu pediatra. Lo que diga la voz popular carece de importancia ante el instinto de una madre y la confianza de nuestros profesionales de la salud.
En ocasiones, los miedos de toda madre vienen marcados por su propia historia personal y familiar. Una infancia compleja, donde han existido carencias afectivas o maltratos provoca que por lo general, cualquier mamá desee evitar esos mismos abismos personales y ofrecer a sus hijos todo aquel equilibrio personal, afectivo y psicológico del que ella misma careció en su niñez.
Asimismo, cuando una mujer no se siente bien en su vida personal, con su pareja o con su situación profesional, desarrolla también muchas ansiedades que se esfuerza cada día por controlar y aliviar, para que todo ello, no afecte a la crianza de su hijo.
La maternidad es un escenario lleno de círculos. Por una parte está nuestro pasado personal, después está el de la propia sociedad y el contexto social y afectivo donde estamos incluidas. El último círculo, es el más delicado e importante, es el que establecemos con nuestros bebés.
Veamos ahora cuáles son los tres miedos que por lo general, suele experimentar una madre hasta el punto de pensar que hay cosas que no está haciendo bien.
No obstante, lejos de construir miedos alrededor de esta dimensión hay que recordar algo: tú eres la mejor respuesta a toda necesidad de tu niño. Ese vínculo que creas con él nada más llegar al mundo hará que seas intuitiva a muchas de sus demandas. Además, cuentas con el apoyo de maravillosos profesionales de la salud que te aconsejan en todo momento.
Miedo a no saber hacer felices a nuestros hijos. Este es otro temor habitual. No obstante, no hay que obsesionarse con ello. Basta con recordar unas claves esenciales: escucha a tu hijo, respeta sus tiempos, enséñale a ser responsable, hazle sentir que es una persona especial, y recuérdale que siempre estarás con él en cada sendero que elija tomar en libertad.
En un interesante artículo publicado en la revista “Psychologies” se nos define un interesante concepto por el cual, descubrirás sin duda que lo estás haciendo maravillosamente bien como madre.
Se trata de la idea de la “mamá completa”. Estos son los principales ejes vertebradores que configuran esta idea, esta imagen a la que todas deberíamos aspirar:
Vale la pena tenerlo en cuenta y confiar siempre en nosotras mismas.
Fuente: Eres mamá
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