Familia

¿POR QUÉ HAY HIJOS QUE NO AMAN A SUS PADRES?

Cuando un niño pequeño no ama a su padre, y demuestra que este le es indiferente, no es por culpa suya sino es responsabilidad del adulto. El niño, con sus padres, es como un espejo. Si una madre mira siempre a su bebé con rostro inexpresivo, éste crecerá con profundos problemas mentales. La mujer que sostiene a un niño en brazos, cuando ella le sonríe, por instinto él la imita y sonríe. Asimismo, cuando ella le muestra un rostro amoroso, él también expresa ese mismo sentimiento. Es un intercambio.

Si un padre, ausente o ensimismado, trata con indiferencia a su hijo, no juega con él, no ríe, no ensalza sus valores o no lo acaricia, éste acabará respondiendo con igual indiferencia. Los adultos que asisten al sepelio de sus padres sin derramar una sola lágrima y sin sentir nada, son producto de tal situación: como no fueron amados, son incapaces de sentir amor. Tienen el corazón blindado. Sin embargo, no podemos decir que su corazón esté vacío.

En la naturaleza de los mamíferos se da este tipo de amor. Probablemente por ser de sangre caliente, en los periodos de intenso frío las parejas y sus crías necesitaron protegerse juntando sus cuerpos para obtener calor, si no se juntaban, sentían peligro de muerte. Quizá por eso al amor se le relacione con calor y a la indiferencia con el frío.

Aunque podría ser también que el amor viniese determinado ya en los genes. No es que los padres y los hijos no se amen, tan sólo sucede que no saben expresar y vivir correctamente ese amor.

Esto debido a problemas inherentes al árbol genealógico, por ejemplo, haber sufrido abandono o no haber recibido el cariño necesario, algunas personas temen amar, y creyendo no merecer lo que ansían, entonces se enquistan o huyen o se camuflan o atacan. Y esa relación dolorosa se va repitiendo de generación en generación.

El hombre que no ha recibido amor paterno no sabe ser padre, así como la mujer rechazada por su madre no sabe ser madre.

¿Qué hacer en una situación como esta?

Cuando creemos no tener sentimientos paternales o maternales, debemos confiar en que nuestro centro intelectual sabe lo que es ser un buen padre o una buena madre. Entonces, guiados por él, debemos imitar el amor diciéndonos: “Mis hijos tienen tal problema o necesitan esto. Si los amara bien, ¿qué haría? Y así de imitación en imitación, finalmente el corazón se libera de sus blindajes y deja expandirse el amor que siempre estuvo en él, pero retenido.

«Si aquello tan precioso que buscas no está en ti, no está en ninguna parte».

Fuente: Cabaret Místico de Alejandro Jodorowsky

Aleja

"El trabajo sobre sí mismo está en no mirar, ni juzgar a los demás, sino comprender que todo lo que está a mí alrededor, está en mi interior".

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