Tras un accidente, es frecuente que nos asalten preguntas como: ¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora? ¿Por qué así? ¿Por qué en este lugar? ¿Por qué estas consecuencias?. Partimos de cuatro premisas fundamentales: Nada sucede por azar, la realidad es un espejo de lo que sucede en nuestro interior, cualquier acontecimiento viene a enseñarnos algo y todo es para bien.

