En el complejo mundo de las emociones, la tristeza es una compañera ocasional que todos hemos conocido en algún momento de nuestras vidas. Es una emoción natural, una respuesta genuina a las experiencias que nos desafían. Pero, ¿qué sucede cuando la tristeza se arraiga y se convierte en un huésped constante en nuestra vida? Aquí es donde entra en juego la distimia, una condición que va más allá de la tristeza transitoria.

