Somos seres intrínsecamente emocionales: vivimos nuestras experiencias y las guardamos en nuestra memoria consciente o inconsciente gracias a la emoción que acompaña a todo acto y a toda vivencia. Al mirar dentro, podemos vislumbrar estos programas y darnos cuenta de hasta qué punto somos marionetas de una percepción dual de la vida. Así podremos vivir una existencia más integral que nos permita estar en paz con nosotros mismos y alcanzar esa felicidad anhelada que consiste, sencillamente, en saber que uno es cocreador de todo lo que ocurre.

