En la crianza de nuestros hijos surge una cuestión crucial: ¿Deberíamos insistir en que nuestros hijos den abrazos cuando no se sienten cómodos haciéndolo? En nuestra búsqueda de fomentar la educación de niños autónomos, nos enfrentamos a dilemas cotidianos. ¿Cómo equilibramos la expresión genuina de afecto con el respeto por sus límites individuales?

