Nada resulta tan terapéutico y reconfortante como conseguir que un niño se duerma mientras le leemos un libro. La experiencia de la escucha es clave también para su dominio lector. Además, a través de nuestra voz, llevamos al niño a ese universo de fantasía y aventuras donde su cerebro encuentra calma y la invitación a seguir soñando feliz mientras duerme.

