El pasado puede ser un lugar complicado para navegar, especialmente si hay heridas que aún no se han sanado. Muchas veces, sin saberlo, llevamos dentro de nosotros mismos el dolor y las experiencias traumáticas de nuestra infancia, afectando nuestra vida diaria en el presente. La idea de abrazar a la niña que fuimos, de aceptarla y de sanar sus heridas, puede parecer una tarea abrumadora. Pero, ¿qué pasaría si nos tomáramos el tiempo para conectarnos con esa niña interior, para honrar su dolor y para abrazarla con compasión y amor?

